Os presento mi experiencia de Dios: la de una persona homosexual, contada a través de la reflexión de las Escrituras. Los "Comentarios al Evangelio desde fuera del Armario" (que se publican en las Redes desde 2018) son un testimonio de esperanza y la confirmación de que Dios ama a mujeres y hombres sean como sean, sin excepción.
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enero 27, 2024
CXV EL SÍNODO DE LOS ESTUPEFACTOS
enero 19, 2024
CXIV LA LLAMADA ABIERTA DE JESÚS
Sobre Marcos 1, 14-40
Desde muy pequeño y hasta hace relativamente poco tiempo, me aterraban las frases como la del pasaje de hoy en Marcos 1,14, “se ha cumplido el tiempo”, y todas las que hacen referencia al fin de la existencia, del mundo, de la vida.
Me angustiaba que Dios me encontrara en el armario, desnudo, sin defensas, tan absolutamente pecador como me habían hecho creer que era.
Me costó mucho descubrir que, en esa frase del Evangelio, Jesús se refería más bien a que acababa la época del miedo, porque Él estaba iniciando una revolución en la que, por descontado, todas y todos estábamos llamados a ser abrazados y amados por el Padre, sin excepción.
Porque singularmente, en la experiencia de relación con Dios desde dentro de los armarios hay, en muchos casos, un peculiar sentimiento de inferioridad: nos sentimos personas indignas de la atención de un Creador que (tal como enseña el discurso doctrinal) presta poco interés hacia quienes no se ajustan a la heteronormalidad (extraño palabro que no me gusta nada, pero creo servirá para entendernos)... Por eso no esperamos que se dirija a nosotras —personas LGBTIQ+ — para decirnos nada, por mucho que anhelemos desde siempre una palabra suya.
Pero... Jesús tampoco preguntó nada a los pescadores que llamó a seguirle. No les hizo exámenes, ni tests psicológicos para averiguar si su orientación sexual o su afectividad cumplía las normas, ni entrevistas personales que le convencieran de que estos hombres eran fiables. No pidió cartas de recomendación ni curriculum vitae. Solo les llamó.
Para seguir a Jesús lo único necesario es convertirse y creer en la Buena Noticia. Para mí —y para muchas personas LGBTIQ+ a las que casi nos aplastaron la fe forzándonos a recuperarla a base de esperanza—, lo primero era volver a creer en la Buena Noticia, re-descubrirla en plenitud, y luego, enseguida, convertirme en una persona que se sabe querida por Dios y, por eso, es capaz de volver a quererse y a respetarse a sí misma.
“Creed y convertíos” es una llamada a volver al Padre continuamente, una vez tras otra, incansablemente. Cuando alguien intenta ofuscarnos declarándonos ajenos al plan de Dios, recordamos que Jesús no hizo más que tocar el hombro de esos pescadores de una forma tan suave como lo hace continuamente con nosotras y nosotros.
Ahora, junto a otras personas con experiencia vital muy similar a la mía, tras una travesía escondido como Jonás en el interior de una ballena, toca anunciar la Buena Noticia, porque efectivamente llega el final de los tiempos en los que ser diferente significaba estar condenado al desprecio o a la condescendencia.
enero 13, 2024
CXIII ¿QUÉ BUSCO?
Sobre Juan 1, 35-42
La pregunta de Jesús —¿Qué buscáis?— lleva tiempo agitándome. Me está interpelando hasta inquietarme, porque no quiero ofrecer una respuesta cargada de tópicos afectados ni presuntuosos. He buscado tantas cosas durante mi vida, a veces tan rápido, apresurado por mil razones, que ahora, más tranquilo y predispuesto a escuchar, esta interpelación del Maestro me descoloca.
Hasta hoy, parece que en todo he ido encontrando respuestas, y podría estar satisfecho porque considero que, aquí donde he logrado llegar, es suficiente para creer que sigo a Jesús con sobrado nivel de compromiso como para no esperar otras pruebas. Al fin y al cabo soy un homosexual cristiano, lo que debería bastar para ganarme el cielo…
Pero no es así y he usado el sarcasmo para destacarlo. Reconozco que la mayor tentación que experimentamos las personas cristianas LGBTIQ+ es creer que hacemos lo suficiente. Nos conformarnos con un compromiso que —suponemos— no necesita ser renovado. Pero esta pregunta de Jesús —que lleva toda esta semana, otra vez, resonando en mis oídos y tambaleando mis seguridades— está recordándome que no es posible decir sí al Maestro una sola vez.
Por el contrario, Jesús pregunta continuamente qué buscamos. Quizá no caemos en la cuenta de que seguirle es mucho más que todo lo que hacemos. Corremos el riesgo de reducir a Dios a un activismo que no trasciende más allá de nosotros mismos, por mucho que coloquemos a Cristo en nuestros nombres.
Por eso me traquetea tan intensamente esta pregunta inesperada de Jesús, sacudiendo cada uno de los cimientos de mi aparentemente seguro compromiso. Lo que busco ahora no es lo mismo que buscaba hace años. Conformarme con haber encontrado lo que tanteaba entonces me hace replantear si no estaré demasiado acomodado. Y extiendo esta reflexión a quien se anime a hacérsela con el corazón abierto a la aventura de nuevas empresas. Puede que los creyentes LGBTIQ+ cristianos estemos relajando nuestro compromiso descansándolo en el creciente movimiento laical que se ha unido en los últimos años a nuestro camino, o a los tímidos y a veces contradictorios nuevos aires de misericordia y Evangelio que parece soplan en la Iglesia. Nada debería debilitar nuestra voz, por mucho que las sinergias sean positivas y, con toda seguridad, un regalo de Dios, y tampoco porque nos hechicen los galanteos de nuestra Iglesia hacia el colectivo, porque ya sabemos que casi siempre acaban en nada.
“¿Qué buscas?”. Contestar a la pregunta implica reconocer que sigo en camino. También quiere decir que inexcusablemente tengo que renovar y actualizar mi compromiso personal con Él. Estoy convencido de que Jesús ha de ser novedad en mi vida día a día. Responderle significa aceptar como primicia su invitación a ir allí donde vive, y hacerme de ese modo testigo de lo que Él significa para los últimos del mundo y de la propia Iglesia. Como Andrés, cada una y cada uno de nosotros debemos anunciar que hemos conocido al Maestro. Hemos de contar lo que Jesús ha hecho en nuestras vidas, para que el mundo crea por sus obras.
Que nunca se nos olvide su pregunta, porque jamás va a dejar de interpelarnos.
Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos. Viendo pasar a Jesús, dijo: —Ahí está el Cordero de Dios. Los discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dijo: —¿Qué buscáis? Respondieron: —Rabí –que significa maestro–, ¿dónde vives? Les dijo: —Venid y ved. Fueron, pues, vieron dónde residía y se quedaron con él aquel día. Eran las cuatro de la tarde. Uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús era Andrés, hermano de Simón Pedro. Encuentra primero a su hermano Simón y le dice: —Hemos encontrado al Mesías –que traducido significa Cristo–. Y lo condujo a Jesús. Jesús lo miró y dijo: —Tú eres Simón, hijo de Juan; te llamarás Cefas–que significa Pedro–.


