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junio 17, 2023

V. VENCER LA TENTACIÓN DE ABANDONAR

Sobre Marcos 1, 12-15

Relata el evangelio que el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Allí fue tentado por el diablo, vivió entre alimañas y los ángeles cuidaban de él.
Hace unos días me recordaban que la Iglesia manifiesta que los homosexuales debemos ser acogidos y no discriminados, pero nos dice a la vez que nuestra conducta es desordenada. También publicaron en un semanario religioso el desarrollo de toda esa teoría, en cuanto a que ciertamente debemos ser bien tratados, e incluso está bien visto acercarse a los homosexuales, acogerles y tal, pero cuidado con lo que hacemos, lo que pensamos, lo que vivimos, y alerta con eso de la ideología de género, que es como si Belcebú se quisiera instalar a sus anchas en nuestra adorable sociedad. Hace décadas el sida fue el mal que Dios envió al mundo de manos de los homosexuales. Hoy es el "trans-power" lo que destruirá la Tierra.
Por último, un adolescente transexual se suicidó incapaz de soportar tanta incomprensión.
Tres empujones del Espíritu (una pregunta, un manifiesto, un suicidio) que me transportaron al desierto. Aún no llevo cuarenta días, solo tres. Pero ya me ha preguntado el diablo varias veces qué hago yo metido en estas cosas, en un lugar donde me ponen condiciones para vivir como soy, y donde están continuamente presentando ante el juez cada uno de mis actos, a ver cómo pueden acusarme y de qué. Las alimañas, por su lado, también corretean a mi lado, disfrutando de mi situación y diciéndome eso de “¿ves? ya te decía yo que no valía la pena”.
Pero Dios no abandona, sino que da sentido a todo. Igual que le sucedió a Jesús, para mí, para nosotros el desierto y sus tentaciones sirven para tomar impulso. Ciertamente como cristiano LGBTIQ+ estoy llamado a vivir comprometido con mi fe, a vivir en el riesgo del Evangelio y no en la comodidad descomprometida, a soportar los agravios y a responder con la corrección fraterna, a orar para actuar desde Dios por las hermanas y hermanos LGBTIQ+ que aún viven perdidos y desesperanzados. Porque estoy convencido de que se cumple el plazo y el Reino de Dios está cerca. La Iglesia de Jesús es posible.


Inmediatamente el Espíritu lo llevó al desierto, donde pasó cuarenta días sometido a pruebas por Satanás. Vivía con las fieras y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar la Buena Noticia de Dios. Decía: —Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios. Arrepentíos y creed en la Buena Noticia.

junio 16, 2023

IV. SI QUIERES, TÚ PUEDES SACARME

Sobre Marcos 1, 40-45

No pocas personas LGBTIQ+ nos hemos sentido leprosos en algún momento de nuestras vidas. Aún hoy en no pocos lugares, y especialmente en las sociedades donde lo religioso empapa las costumbres y las tradiciones, ser homosexual, ser persona LGBTIQ+ significa ser un excluido. Durante muchos años de mi historia personal esta lepra fue llevada en secreto y en silencio, cuidando que no se notara que estaba enfermo, que nadie advirtiera mis miradas, mis ademanes o cuando latía fuerte mi corazón. Vigilando que nada me delatara. Tejiendo una doble vida. Guardando mis sueños. Tragando ofensas. Perdiendo la fe. Esta lepra que no se nota con llagas ni heridas visibles me permitió vivir camuflado, disfrazado de “hombre normal” durante muchos años.
Muchas veces pasó Jesús por mi lado. Y una de ellas -supongo que cansado de ser quien no era, sé con certeza que sediento de esperanza y deseoso de recuperar una fe que se me iba de las manos- me atreví a decirle como el leproso del relato de Marcos, “si quieres, puedes liberarme”.
Ese encuentro con Jesús cambió efectivamente mi vida, me sacó del escondite donde había estado durante tanto tiempo y descubrí que Dios me quiere tal como soy, sin despreciar ni un solo cabello de mi cabeza, ni un solo milímetro de mi corazón.

Yo también, como el leproso del Evangelio, no pude guardar el secreto y me dedico a gritar por los caminos que Dios ama sin condiciones. Pero también dijo que el candil no sirve de nada si lo metes bajo la cama. Y que seamos sal y luz del mundo. Seamos, pues, luz y sal. Seamos signo de esperanza. Hay mucha lepra que sanar.


Se le acercó un leproso y [arrodillándose] le suplicó: —Si quieres, puedes sanarme. Él se compadeció, extendió la mano, lo tocó y le dijo: —Lo quiero, queda sano. Al punto se le fue la lepra y quedó sano. Después le amonestó y le despidió encargándole: —Cuidado con decírselo a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu sanación establecida por Moisés. Pero al salir, aquel hombre se puso a pregonarlo y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en despoblado. Y aun así, de todas partes acudían a él.

junio 15, 2023

III. LA FUERZA DE LA ORACIÓN

Sobre Marcos 1, 29-30


El relato de hoy es aparentemente poco llamativo. Nos cuenta cómo transcurrió aquel día, después del suceso anterior en la sinagoga por la mañana: fue a casa de Simón y Andrés, y allí curó a la suegra de Simón, y tras ella a muchas más personas que fueron llevándole. Después se retiró a orar, y más tarde hizo planes para el día siguiente.
Sin embargo en este texto se resume buena parte de la actitud vital de Jesús: para empezar vuelve a dejar la ley y la tradición a un lado y no le importa curar en sábado, porque antes está el bien de la gente que el cumplimiento de las normas. No dice Marcos si predicó, pero es fácil imaginar que sí, su forma de hacer, de hablar con autoridad y su estilo transgresor seguramente abrieron los corazones de cuantos estuvieran con él ese día.
Y, por último, se retiró a orar.

Cuando hace años algunas personas homosexuales comenzamos a reunirnos, ansiábamos ser curados del miedo, del rencor, del dolor, de tanta condescendencia con que en los templos de la época se nos iba tratando con autoridad preñada de amenazas. Teníamos algo claro: debíamos descubrir al verdadero Jesús antes de perder definitivamente el norte y matar de fiebre nuestra débil fe. Tuvimos la misma suerte que aquel hombre de la sinagoga, que la suegra de Simón y que tantas otras personas que fueron tocadas por Jesús, pero no por estar sino por querer. Esa es nuestra fe. Como la suegra de Simón, enseguida descubrimos que teníamos que ponernos a servir. Sin pérdida de tiempo.

Y, por supuesto, la oración. No hay acción sin oración detrás. Es imposible hacer por hacer. La fe no se sostiene haciendo cosas, sino sustentada por una espiritualidad que aporte energía, ánimo, voluntad, confianza, alegría de saberse en manos de Dios.
Jesús basaba todo su hacer en la oración. Una oración que no se quedaba ahí, sino que le llamaba a actuar y a dar sentido a todo.

Las cristianas y cristianos LGBTIQ+ tenemos mucho que decir, que anunciar; mucho que hacer, mucho que transformar, que curar. Pero ni una sola de nuestras palabras ni de nuestros actos serán realmente creíbles si no surgen de la oración, del encuentro tranquilo y confiado con papá Dios, el Abbá de Jesús.


Al salir de la sinagoga se fueron derechos a casa de Simón y Andrés llevando a Santiago y a Juan.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron enseguida.
Al atardecer, cuando se puso el sol, le fueron llevando todos los enfermos y endemoniados. Estaba la población entera agolpada a la puerta.
Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y no permitía a los demonios decir que sabían quién era. Se levantó muy de madrugada y salió, se marchó a un lugar descampado y estuvo orando allí.
Simón y sus compañeros echaron tras él y al encontrarlo le dijeron: Todo el mundo te busca.
El les respondió: Vámonos a otra parte, a los pueblos cercanos, que voy a predicar también allí; para eso he salido.
Y fue predicando por aquellas sinagogas, por toda Galilea, y expulsando los demonios.